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Diario de Jeo
Cambios
27/01/2003 |
Hace poco tuve la oportunidad de ver como la sonrisa más alargada se convertía en el gesto más triste de mi alrededor. Aquellos ojos que me miraban con una luz especial, aquella cara de cuya gesticulación manaba un sosiego que se apegaba en mí, se olvidaron, se desterraron, se perdieron y marcharon con la causa de su ida. Vi como una de mis grandes amistades perdía toda su felicidad interior junto a la vida de una de sus amigas, todo por culpa del cáncer. Así, de repente, nos enteramos de que aquella persona con la que ella había pasado tan buenos momentos cerraba sus ojos para no volver a verla.
A su vez, mi amiga queda destrozada, rota. Podía sentir como su cuerpo se desmembraba delante de mí y no sabía como volver a recomponerse, sus ojos buscaban llorar pero no encontraban el momento ni el lugar oportuno, no encontraban la forma de explicar todo lo que en aquellos instantes su portadora sentía. Yo, espectador de la terrible situación, miraba con dolor el cambio que produjo otro cambio. La persona de mayor vitalidad que conocía se derrumbaba, su alma de niña y las ganas de seguir viviendo caían como cimientos de barro soportando un enorme peso, el dolor.
Pero, aunque pueda parecer prepotente por mi parte, allí estaba yo. Mi fuerza es ilusa comparada con el poder de un daño tan fuerte, pero la servía de apoyo y escudo para los ataques de éste. Estuve allí, y creo que ha sido una de las mejores cosas que he podido hacer en lo que llevo de vida. Sé que aquellos trozos de cristal que reposaban sobre el suelo, su alma, poco a poco fueron componiéndose y, en parte, gracias a mi ayuda. El alma de niña que se había escapado de casa volvió para darme esa visión tan infantil y a la vez tan madura de las cosas, los ojos volvieron a brillar con una luz parecida a la anterior y su sonrisa volvía a abrir la ventana de sus carcajadas.
Toda ella volvía a ser algo parecido a lo que era antes. El dolor continúa allí, inevitable es que ciertos trozos de cristal levanten del suelo... pero con mi ayuda, la suya y la de todos, conseguimos que la mayoría dejasen de esparcir el dolor. Vuelvo a tener a mi lado esa niña y mujer al mismo tiempo, vuelvo a tener a mi lado la causante de tantas risas y de tantas visiones enriquecedoras del mundo. Tengo a alguien que ha sufrido, que recordará durante toda su vida la huella que dejó en ella la pérdida de una amiga, pero, como ella me ha dicho alguna vez como consejo, nos tiene a todos nosotros.
Jeo
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