Yo
estuve a punto de perder la vida cuano era muy niña.
Sólo tenía
once años. Mientras yo estaba en la Uvi cada
uno hacía lo que podía:
unos rezaban, otros hacían promesas... Recibí
ayuda por todas partes.
Yo, hasta entonces, había
vivido con menos ilusión y, de repente, me dí
cuenta de que además de recobrar la vida, recobré
algo muy importante, y que fue la mayor ilusión
por vivir y ver qué fantástica es la gente,
cuánto amor dan. Aprendí una lección
de fantasía que me ha ayudado mucho en la vida
adulta. Errores he cometido, sobre todo últimamente,
pero no me olvido nunca de la ilusión que te
transmite la gente, incluso ahora me la siguen transmitiendo.
Siempre que me encuentro
mal puedo observar cómo un niño de repente
aparece y me mira con su carita de inocencia. La vida
tiene sus baches, y a algunos, por desgracia, les toca
pasar momentos muy duros, porque pierden a sus seres
queridos o por otras causas. Para todos ellos quisiera
que sintieran mi abrazo y mi energía y dedicarles
los momentos más bonitos que yo he vivido.
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